Ha llegado la hora de develar algo que por alguna razón no había dicho. Ya había hecho referencias en otros posts, pero hasta ahora lo asumo como algo mío.
Carezco del sentido del olfato.
No percibo ningún tipo de olor.
Osea, seguramente sí los emito, pero no los recibo. Nada, cero, out, nanay.
Lo anterior me ha traído cosas buenas y malas. Entre lo bueno es no sufrir los embates de las flatulencias; lo malo es que cuando estás en una reunión y alguien se echa uno, todos corren menos yo, haciéndote el sospechoso común de ser el culpable.
Otra de las ventajas es, este... ehm... osea, es... no, pos ahorita no se me ocurre otra, pero sí ha habido veces que es bueno no poder oler.
Sin embargo, han sido más las desventajas. Desde quedarte impávido cuando llegas de visita a algún lugar, y todos exclaman "Ay qué rico huele la cena".
O cuando una muchachona te dice "¿Te gusta mi perfume"?
Y uno, sólo se limita a decir: "Mmmm, sí, huele a... como que a... este... ¡a flores!", y la muchacha en cuestión te responde: "¿¡Cómo que a flores?!, ¡Si es el perfume que usa Beyoncé y debe oler a... Beyoncé!
O cuando estás en un centro comercial y te invaden las chavas que regalan cartoncitos con muestras de fragancias, y como yo soy un caballero, siempre les recibo sus muestras, las acerco a mi nariz y pongo cara que incluye ojos en blanco a la vez que les digo: "¡Sublime, exquisito, majestuoso!" y me voy corriendo.
En fin, son innumerables las ocasiones bochornosas que he pasado por este defecto que me cargo.
Todo esto lo estoy confesando por las cosas que me han pasado últimamente en esta ciudad de amor apache.
Primero, una leve fuga de gas detectada por el señor repartidor de agua electropuraaaaaaaaa, que al dejar el garrafón en la puerta de la casa, mientras yo sacaba el dinero, me dijo: "Oiga, aquí huele mucho a gas". Me toqué las orejas para ver si no las tenía calientes, y él me sugería: "A lo mejor se le apagaron los pilotos de la estufa"... Y sí, algo así era.
Segundo, la otra vez, me disponía a cenar mis Choco Kispis, que a veces producen pedos que, sobra decirlo, sólo los conozco en audio. Abrí el refrigerador, tomé el litro de leche, que había comprado hace unos días y la serví en el plato. Al momento de la primer cucharada noté un saborcito como a limón y toronja... antes de tragar, vi el envase de la leche, buscando la fecha de caducidad que develaba un
Consúmase antes del 7 de marzo. Inmediatamente escupí todo lo que tenía en la boca, me acerqué el envase de leche a la nariz, y me dije "Chale, pos si no huele a nada" Snif.
Tercero, antier, quise variarle al menú y me dije a mi mismo: "Haz sandwich". Cuando saqué el jamón del refrigerador, y tomé una rebanada, noté en ella unas manchitas verdes y moradas, "Ay, que raro jamón hacen los chilangos, pero ¡qué bonita textura!, como que psicodélico"... pensé. Segundos después deduje que seguramente no eran aceitunas verdes o negras, sino quizá eran hongos o bacterias o gamborimbos o no sé, sólo me acordé que hacía mucho tiempo que había comprado ese jamón.
Está de más decir que cuando leí el libro y vi la película de "El Perfume", me quedé como si hubiera visto un documental de aeronáutica o de lógica cuántica.
Ya, lo dije: Me llamo Kabeza y no tengo olfato.