Todo Supermán tiene su Kryptonita.
Por andar tronándome los huesos como si fuera papel de burbujitas me torcí la muñeca y me estuvo doliendo todo el día de antier.
En la mañana de ayer me dolía menos, así que subí a la azotea del edificio para lavar mis tenis y broncearme con la del 12. Me puse mi camiseta de Wolverine para asolear mis inabarcables extremidades y me entregué a la noble tarea de la limpieza textil en lavadero.
Los tenis quedaron casi como nuevos, pero mi muñeca derecha estaba deshecha. Para acabarla, la del 12 se fue antes y me quedé "encerrado" en la azotea durante mucho tiempo.
Tiempo que aproveché para reflexionar de entre las sábanas y lencería tendidas de alguna vecina.
Mientras me sobaba la muñeca y me asomaba a la calle, vi a lo lejos la Torre Latinoamericana, la niebla de smog que cubre la ciudad, al camión de la basura con su campanota al tiempo que me acordaba de mis 2 bolsotas de basura que otra vez no se fueron.
Me acordé de cuando era chico y venía a este mismo edificio con mi hermano y jugábamos en la azotea a escupirles a los carros, a cambiar la ropa de los inquilinos de los tendederos y a espantar a un guajolote que tenían encerrado en una jaula que ya no vimos después de Navidad.
Recargado de un tinaco fijé mi vista hacia la calle más grande que pasa por el edificio, mientras me seguía sobando. Cientos de carros pasaban, cerraban, pitaban, desesperaban, insultaban y echaban lámina. Todo esto ignorando a los peatones que tampoco parecía importarles mucho.
En eso, un rayo de sol cayó sobre mi cabeza, iluminándome. Al tiempo que me venía una pregunta reveladora: ¿Qué hago aquí?
La respuesta no llegó porque apareció un vecino acompañado del señor del gas cargando un tanquesote. Me vio, lo vi y nos echamos miradas asesinas que se traducían en un "nos volveremos a ver, infeliz"
Aproveché la puerta abierta y me fui a mi departamento.
Para entonces la muñeca me dolía demasiado. La tenía inflamada y rojiza. Me apliqué la hasta entonces infalible técnica del "sana sana colita de rana, si no sana hoy sanará mañana" pero no funcionó. El sólo hecho de que me diera el aire me provocaba dolor.
Así que hice lo que todo hombre de acción haría en una situación como ésta: Lloré poquito y fui a comer. Ni la cuchara podía controlar con el movimiento.
Entonces recordé que en mi pueblo se acostumbran las dosis industriales de árnica para estos menesteres. Fui a la farmacia y compré árnica y unas vendas.
En lo que trataba vendarme me recriminaba por no tomar ese curso de enfermería en la preparatoria. Creo que me vendé todo el brazo menos la muñeca como 6 veces. Al final lo logré pero se me perdió el ganchito ese que trae para que no se desamarre y me la ajusté con una tachuela.
Después llegó lo peor: La hora de hacer la tira para el periódico de Chihuahua. No podía ni agarrar el lápiz. Me desenrredé la venda y empezó el suplicio. Cada rayita que hacía era un "ay, ay, ay" y mi mano izquierda es más inútil que la actual izquierda mexicana, sólo la usé para borrar.
Luego de sudor y lágrimas terminé mi tarea y me eché en un sillón a sobarme y fumarme un cigarro como premio de campeón. En eso, otro rayo del más allá me iluminó y pensé: "¿Qué haría sin mi mano derecha? ¿a qué me dedicaría? ¿si así me va como me va, cómo me iría desconchabadito? ¿y si contrato a una morena, digo, monera para que dibuje por mí?
Las respuestas no llegaron porque sonó el teléfono. Era del periódico de Chihuahua, el editor. Sonreí al oír una voz norteña, pero poco me duró la sonrisa: me dijo que la noticia que usé para hacer mi tira la acababan de desmentir y pues que básicamente hiciera otra tira.
Mi muñeca musito un "snif" y yo hice un puchero de hombre con ojo Remi incluído.
Soy un profesional, y sólo dije "está bien jefe, sus deseos son órdenes, por cierto, ¿qué pasó con lo de mi aumento de sueld...?" Pero colgó, está bien que lo siga evaluando, pensé.
Y otra vez comenzó la tortura de la dibujada. Temo que los lectores de Chihuahua crean que cambiaron de monero en el periódico y que les gusten más los monos chuecos del Kabeza desmuñecado.
Como prueba fehaciente de los estragos de mi lesión, va este monigote que hice con el sudor de mi mano derecha:

(Este post fue elaborado integramente con el dedo índice de lo que queda de mi mano derecha)