Fui a Xalapa.
Ya en un post anterior conté más o menos un episodio. Pero hubo más. Pasó algo que debería llevarse a los anales de la Historia, pero como eso queda muy lejos mejor lo pongo en este sobreviviente blog.
Andaba por el centro de la ciudad y de pronto, recordé que tenía que ir al evento que me llevaba hasta esa parte del país.
Pese a que todo está relativamente cerca, caminé mucho esa tarde y la ciudad está hecha como para hacer pierna de futbolista, puras subidas (o bajadas, pero si vas y no vienes, son subidas) entonces estaba muy cansado y lo que menos quería era caminar más.
Así que detuve un taxi (después de hacerle la parada como a 214) y le dije al chofer:
-Señor mío, al hotel más caro que encuentre que no me sé el nombre, pero por mi facha ha de imaginarse que es donde veranea Fidel Herrera, mínimo. Que debo acicalarme para...
En eso, me interrumpió, y me dijo:
-Usted no es de aquí ¿verdad? se oye como si fuera del norte.
-Sí, jeje soy de Chihuahua.
Error fatal.
El taxista suspira, y dice: -Ah, ¡Chihuahua!
Y ahí, en esa ciudad tan diferente a la mía; llena de vegetación y cerros que escupen árboles y plantas, con la niebla en la cabeza, las calles angostas y callejones, que se suelta:
Yo soy del mero Chihuahuadel mineral del Parral, y escuchen este corrido que alegre vengo a cantar¡Qué bonito es Chihuahua!...Solté una risita, pensando "ah que agradable señor, qué chulada es Veracruz, gente alegre, dicharachera, con la música por dent..."
Pero el chofer, no paró, se siguió:
Eres mi tierra norteña, india vestida de sol, brava como un león herido, alegre como una canción¡Qué bonito es Chihuahua!Para entonces, supe que era en serio, el señor estaba cantando el Corrido de Chihuahua. Pero cantando de verdad, como si yo lo fuera a calificar, como si estuviera en la cantina y él era vocalista de un trío, con falsetes y esas cosas que usan los cantantes de verdad.
Se aventó toda la canción, partes que yo había olvidado o de plano ni me sabía, el taxista tenor las estaba interpretando con sentimiento casi ranchero.
Mientras, yo no sabía exactamente qué hacer: Medité y me dije: ¿Le aplaudo? ¿Saco el encendedor y le hago como concierto? ¿Le sigo el ritmo con mis manos y rodillas? ¿Lo adopto y me lo llevo a mi casa?
Lo volteaba a ver de reojo, y el taxista vernáculo estaba inspiradazo con los ojos en el camino.
Miraba hacia las calles, veía la gente y el paisaje al tiempo que escuchaba la letra de la canción y el corazón se me hizo como volován (¡saludos F-P!)
La escena, para ser exactos, era así:
Monero sensible, taxista cantor. Rudeza innecesaria.En los altos tenía la esperanza de que terminara el concierto, pero no, él llevaba su tiempo como si siguiera la guitarra y acordeón.
Al llegar, aún no terminaba le faltaba la última estrofa. Frenó y ya sin la atención en el volante la cantó con una enjundia que parecía que llevábamos serenata a los del hotel.
Finalizó y me quedé como cinco segundos eternos en los que me quedé callado sin saber qué hacer.
-¿Qué tal, eh? -dijo el taxista sonriendo
A lo que yo completamente desarmado y anonadado le dije: -Qué bonito... es Xalapa.
Y me fui. (sin pagarle)